La mañana del 7 de agosto del 2017 amanecí en Caye Caulker, Belice en medio de 70 gatos y con ésta frase:
“Despiértense todos, Franklin va a estar llegando esta tarde, así que se tienen que ir lo antes posible”
El día anterior mientras almorzaba, leí en el diario que se acercaba una depresión tropical a las costas de Belice, pero no le presté atención porque no tenía idea que quería decir “depresión tropical”.
Esa mañana a Justin se lo veía serio, quizás preocupado. Yo no entendía porque nos teníamos que ir y tampoco en ese momento sabía quien era Franklin. Desde la cama le pregunté que pasaba y me dijo que la naturaleza era impredecible y que durante la madrugada la depresión tropical había cambiado su estatus a huracán de categoría 1 y que el hostel era peligroso para nosotros porque era una construcción de madera frente al mar y que por ende podía volarse o inundarse con una marea que se esperaba subiera 2 metros. Tambien nos dijo que en el caso que decidiéramos quedarnos en la isla teníamos que buscar provisiones: enlatados y agua para 3 o 4 días y otro lugar, claro.

¿Que es un huracán? ¿un ciclón? ¿una depresión tropical?

Depresión tropical: vientos hasta 62 km/h
Tormenta tropical: vientos de 63 a 117 km/h
Huracán categoría 1: vientos de 118 a 153 km/h
Huracán categoría 2: vientos de 154 a 177 km/h
Huracán categoría 3: vientos de 178 a 209 km/h
Huracán categoría 4: vientos de 210 a 249 km/h
Huracán categoría 5: vientos superiores a 250 km/h

Un huracán, un tifón y un ciclón representan el mismo fenómeno meteorológico, la diferencia del nombre varía según el lugar donde se producen. En el Atlántico norte y Pacífico las tormentas se llaman “huracanes”, en el Pacífico noroccidental se llaman “tifones” y en el Océano Indico se llaman “ciclones”
A todas las tormentas se les asigna un nombre, nosotros estábamos esperando o huyendo de Franklin, que se convirtió en el primer huracán de la temporada de huracanes del caribe del 2017. Franklin se formó como tormenta en algún lugar del Atlántico y desde ahí viajó hasta el caribe donde la noche anterior a llegar a las costas de Belice cambio su estatus a “huracán categoría 1”. Se adelantó unas 5 horas, ya que se esperaba que la tormenta llegara a las 9:00 p.m. pero al acelerarse durante la madrugada, esa mañana ya esperábamos a Franklin a las 4:00 p.m.

Hattie, Earl y Franklin

Justin (que también tiene nombre de huracán, pero es el recepcionista del hostel) nos desayuna con una anécdota del huracán Hattie justo en el momento indicado.
En 1961 Belice en ese entonces era colonia británica y llevaba el nombre de Honduras Británica, fue alcanzada por el huracán Hattie de categoría 5. Justin nos cuenta que donde es hoy la cancha de fútbol era la escuela secundaria de la isla, la cual usaron como refugio para el huracán, pero la magnitud del huracán fue tan grande que olas de 3 metros de altura arrasaron con la escuela (y la isla) dejando nada y muriendo todas las personas que estaban refugiadas ahí. En ese entonces la ciudad de Belize City era la capital de la colonia británica y quedó bajo el agua, con una destrucción del 70% y un total de 307 personas muertas. Hattie fue considerado el huracán más destructivo que pasó por Belice y su destrucción fue tal que la organización meteorológica mundial WMO decidió remover el nombre Hattie para próximas tormentas o huracanes y la capital del país fue trasladada a una nueva ciudad que empezaron a construir luego de Hattie, la ciudad es la actual capital de Belice: Belmopán.
Después de la anécdota del huracán Hattie yo hice memoria de mi viaje anterior a Caye Caulker el año pasado (2016) y me acorde que había llegado a la isla 15 días después de que el huracán Earl de categoría 1 pasara por la isla destruyendo bastante, incluyendo muelles, puestos y casas de madera y la famosa “Palapa Bar and Grill” en la isla vecina de San Pedro. Earl dejo un total de 94 muertos en México y República Dominicana. Me dio un poco de inseguridad el tamaño de la isla y decidí irme.

Huyendo de Franklin

Antes de hacer nada, decidí ir a desayunar a mi lugar de siempre, cuando salí e iba caminando al barcito vi frente a mí que el color del cielo era violeta oscuro y sentí que la isla estaba extremadamente calma, sin viento -teniendo en cuenta que es muy ventosa ideal para hacer kitesurf y windsurf- no corría ni un poquito de la más suave briza. Llegué al barcito y estaba cerrado, caminé hasta la calle principal y ví gente clavando las puertas y las ventanas con protección, seguí caminando y me encontré con dos amigas que se iban con sus cosas y me dijeron: “Paula el último ferry a Belize City es a las 10:00 a.m.” esa fue la frase que me sacó de mi nebulosa “slow motion” y activó el “warning button”. Después de esa frase mi imaginación comenzó a trabajar y la ola de 5 metros venía a llevarme. Volví al hostel, empaque mis cosas y me fui a tomar el ferry.

Hombre colocando protección en una ventana de un diving.

Ya en la estación empezó a soplar viento. Una señora sentada frente a mí en el ferry me preguntó a donde iba, le dije que no sabía, ella me dijo que iba a Belmopán y me sugirió que tratara de salir de Belize City lo más rápido posible porque los huracanes pegan en la ciudad sin piedad.
Apenas llegue a la ciudad de Belice la gente estaba absolutamente fuera de control, corrían en la calle, todos los negocios estaban cerrados y ya estaba lloviendo.
Afuera de la estación de ferry un chico me dijo: “ven, yo sé de donde salen los buses” era español, lo seguí, caminamos bajo la lluvia 5 cuadras y llegamos a la estación, era una estación para destinos fuera de Belice, él sacó un pasaje a Guatemala y yo uno a Playa del Carmen.
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Ya en el colectivo éramos 20 personas que íbamos a distintos lugares de México, antes de cruzar la frontera el chófer nos dijo que no íbamos a poder llegar a destino, que México había cerrado todas las carreteras a causa del huracán, que el colectivo en el que íbamos era el último que cruzaba el puesto migratorio y que íbamos a dormir en un refugio.
Apenas llegamos a la terminal de la empresa en Chetumal la empresa nos recibió con cerveza Corona gratis para todos y nos dijeron que nos iban a llevar a un hostel en vez de un refugio público, cuando llegamos al hostel nos dimos cuenta que era frente al mar, es decir que las olas de 5 metros iban a ahogarme de todos modos. Para mi propia sorpresa, el hostel al que nos llevaron era la segunda sucursal del hostel en el que había estado esa mañana con Justin y los gatos en Caye Caulker, la diferencia era que el de Belice es un refugio de gatos y el de Chetumal de perros. Es decir que estaba exactamente en la misma situación que a la mañana, porque Franklin iba a llegar a Chetumal a la 1:00 a.m. aproximadamente y yo estaba en un hostel frente al mar con 20 perros y 12 horas atrás estaba en un hostel frente al mar con 70 gatos.
Ahí estábamos en una habitación compartida 4 israelies, 2 irlandeses, 1 holandesa y yo. Todos mirando al mar y esperando el huracán. En algún momento nos dormimos. Al otro día despertamos corriendo a ver qué había pasado.
Nada, ni siquiera una lluvia.
Franklin se había debilitado y nunca llegó.
Se había desintegrado.

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